¿Cerrando o abriendo puertas? Del fracaso a la plenitud (Parte 1)

Acabo de cerrar un ciclo muy importante de mi vida.

 

Te escribo todo esto desde el vuelo que me lleva de Mérida, Yucatán, a mi ciudad favorita en el mundo, Ciudad de México, para volver a vivir en ella. Volar y estar alto me dan cierta perspectiva y, ahora, me han entrado unas ganas brutales de compartir esto con mi comunidad porque sé que muchas personas pueden sentirse conectadas con esta historia que ahora te voy a contar.

 

Cuando tomé la decisión de mudarme sentí paz, y eso, entre otras cosas, me dejó muy claro que estaba tomando la decisión correcta. Pero curiosamente también estos últimos días comenzaron a manifestarse pensamientos derrotistas que me producían cierta incomodidad y tristeza. ¿Por qué? Déjame que te cuente.

 

Hace exactamente 11 meses hice las maletas y me fui a vivir a la tranquila ciudad de Mérida, en el estado de Yucatán, México.

 

Aunque amaba mi vida en la Ciudad de México, la contaminación y las ganas de vivir cerca del mar (siempre he vivido en ciudades de interior: Madrid, Santiago de Chile, São Paulo y Ciudad de México), así como la conexión espiritual que siempre he sentido cuando estaba en Yucatán, me animaron a hacer las maletas y vivir esta gran experiencia de la mano de mi gran amigo y hermano espiritual João.

 

¿Te acuerdas de mis stories mudándome con João, haciendo 3 días de viaje en su coche, recorriendo la república mexicana con nuestros bártulos a cuestas?

 

Han sido once meses vibrantes de los que rescato muchísimas personas y cosas. 

 

Estos últimos días, también, he ido conectándome con mis experiencias positivas incluyendo la gratitud en todas mis meditaciones. 

 

Mi corazón volvió a abrirse para dejar entrar a un ser precioso del que me enamoré de una forma muy bonita. Estaba cenando con esta persona a los dos días de llegar a Mérida. Fue el primer regalo que esta tierra me dio. Pude verme en esta relación de una forma que me gusté muchísimo (sí, has leído bien, me gusté). Pude experimentar con él mi evolución personal: mi falta de apego, mi puesta de límites, la decisión de entregarme de forma incondicional, mi aceptación de la otra persona sin intentar cambiar nada de él, disfrutar sin filtros de despertar con besos y caricias todas las mañanas… y la aceptación con paz y amor cuando vi que la relación no era posible. Terminaba de meditar sobre esto y me repetía sintiéndolo en mi corazón: “Gracias, Russell”.

 

No todo ha sido amor romántico, sino también amor de amistad. Forjando conexiones emocionales con personas nuevas que son y serán ya parte de mi vida. Nombraba a cada una de las personas y terminaba con mi sentimiento de gratitud auténtica y honesta. 

 

He podido realizarme haciendo mi propósito: ayudar a muchas personas a “volver a su casa” interior. A desconectar el piloto automático y poder verse. A sentir paz y calma en vez de tensión, nervios, angustia, ansiedad y, por supuesto, estrés. Dejar vivir en el tiempo psicológico del pasado y del futuro por el tiempo real y único: el presente. 

 

A tener herramientas para cuando las situaciones y los agentes estresantes lleguen. Poder pasar del distrés (estrés negativo) y el cortisol a tope al eustrés (estrés positivo) llenándote de oxitocina y DHEA (hormonas del estrés positivo).

 

Repetía al final: “Gracias por confiar en mí”. Sé que volveré en más ocasiones a seguir aportando mi granito de arena para que Yucatán deje de ser uno de los estados con más suicidios per capita de México. Es mi compromiso con las personas de esta tierra tan bonita.

 

He disfrutado de meditaciones en ruinas impresionantes y mágicas así como días de playa preciosos que nunca olvidaré y que espero repetir.

 

Once meses más tarde siento que mi tiempo aquí ha terminado y es momento de movernos… de evolucionar… de hacer maletas y recogerme en mi templo de Ciudad de México para que sea de nuevo mi hub para viajar. Es tiempo de llevar la calma a muchos lugares de México y de Iberoamérica. Desde mi base en Ciudad de México es más fácil, más directo… en esta loca ciudad yo siento algo que no he sentido ni en Mérida, ni en ciudad natal Madrid ni en Santiago ni São Paulo. En Ciudad de México me siento en casa. Con sus contaminación y tráfico yo siento paz y calma. Vivo con la certeza de estar en el sitio correcto. Energéticamente me recarga y me deja listo y preparado para volver a viajar. 

Ciudad de México es el lugar donde tengo a mi familia elegida. Gracias por recibirme siempre. 

 

A pesar de todo esto que os cuento, metiendo en dos maletas mi vida en Mérida, llegó de repente una sensación de fracaso. Unos pensamientos de “te vas porque no fuiste capaz de crear un nuevo hogar”, “te equivocaste”, “no has aguantado ni un año”… “has fallado”.

 

Paré de hacer las maletas. Me senté a meditar. Necesitaba indagar amorosamente el porqué de esos pensamientos limitantes. 

 

Durante esa meditación no encontré la respuesta. Conseguía incorporar la gratitud después de cada pensamiento limitante, pero simplemente los pensamientos seguían llegando. No fue hasta la comida con João que le empecé a contar de esta sensación que había aparecido y, mientras le contaba, me llegó la respuesta a mi mente: esta experiencia de cerrar mi vida en Mérida conectaba a mi cerebro con el cierre de mi vida en Santiago de Chile. ¿Tiene racionalmente algún sentido que haga esta conexión? La verdad es que no tanto, pero como siempre digo “somos seres emocionales que ‘con suerte’ razonamos”. 

 

Con las emociones aflictivas (especialmente cuando el estado emocional del estrés aparece), necesitamos ver con qué nos estamos conectando emocionalmente.

 

Lo pude ver claro: justo unos días antes de que llegase el contenedor para la mudanza de Santiago de Chile a la Ciudad de México, la persona con la que me iba a casar decide romper conmigo. Ayer pude ver la conexión: mi cerebro se vinculó con ese momento en Santiago, haciendo las maletas con las cosas que no habían ido con la mudanza, yendo al aeropuerto y pensando…  “has fracasado”, “tu vida se ha desmoronado”, “estás dejando Santiago después de 3 años sin tu amor”, “no fuiste capaz”…

 

Guau. Ahí lo entendí todo.  Necesitaba decirle a mi cerebro que eran dos experiencias distintas. Eso me llevó a crear un pensamiento PODEROSO que me ayudase a transformar los pensamientos limitantes que estaban llegando.

 

Encontré las siguientes: “Soy un ser afortunado porque vivo muchas experiencias”, “esta experiencia es totalmente distinta a lo que viví en el pasado”, “tomo decisiones y vivo plenamente”, “crezco cada día y en cada ciudad en la que decido vivir”, “sigo mi instinto sabiendo cuando una ciudad ha llegado a su fin para mí, agradezco y sigo mi camino más lleno de amor, más rico en experiencias de vida… más pleno”, “está bien cambiar de opinión”, “me permito dudar y cambiar”…

 

Ahora, volando hacia mi nuevo hogar, veo que esos pensamientos aflictivos llegan mucho menos frecuentemente. Solo volvieron esta mañana cuando estaba cerrando las maletas y miraba mi habitación antes de salir, pero rápidamente les pude decir adiós para llenarme de pensamientos poderosos que me permitían sentirme bien, con amor y gratitud auténtica hacia mí y hacia todo.

 

Ayer pude disfrutar de un concierto con mis amigos, reír, brindar por lo convivido y lo que llegará y abrazarme con João en el aeropuerto, diciéndole gracias y hasta pronto, sintiéndome muy feliz con mi vida.

 

Espero que te inspire. Gracias por estar al otro lado.

 

Ángel.

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